Seleccionar idioma

sábado, 17 de septiembre de 2011

River vs Peñarol 1966

En otra de las re-ediciones de “Historias de Copas” que la revista “El Gráfico” publicaba en los ’80, no podía faltar la inexplicable? Final perdida por River en 1966 frente a Peñarol de Montevideo. Es archiconocida la historia del mote de “gallinas” que bien se ganó River y de la canchereada de Amadeo Carrizo al atajar un remate con el pecho. Pero con el paso del tiempo salieron a la luz otras cuestiones que ayudan a entender lo inexplicable. Primero vamos a recordar cómo llegaron River y Peñarol al tercer encuentro jugado en Santiago de Chile, el 20 de mayo de 1966.
Además de participar los campeones, por primera vez participaban los subcampeones de cada país. Esto produjo la deserción de los equipos brasileños (Palmeiras – Cruzeiro) por entender que se desnaturalizaba la competencia además de la desafiliación de la competencia de los equipos Colombianos (Millonarios – Dep. Cali) por irregularidades en los contratos de los jugadores  de toda la asociación colombiana. Esta situación hizo que se les abriera las puertas a equipos de mucho menos relieve.
River juega la primera fase con Lara y Dep. Italia de Venezuela, Alianza Lima y Universitario de Perú y Boca Juniors, Consiguiendo la clasificación los equipos argentinos.
En el grupo semifinal, River comparte el grupo con Guarany de Paraguay, Boca e Independiente. Aquí se produce un empate en el primer puesto entre los Rojos de Avellaneda y River que dirimen en un partido desempate en cancha de San Lorenzo, consiguiendo el pasaje a la final el equipo millonario por 2 – 1 con goles de Daniel Onega y Luís Cubilla, Artime para Independiente. Fue aquel recordado partido donde Cubilla le abre la pierna a Mura con un tajo de 10cm, luego de darle un tacazo en el muslo. Cubilla fue acusado de llevar un clavo en el botín, pero la realidad fue que tenía los tapones gastados del botín por el calentamiento previo sobre baldosa, quedando a la vista el fierro y convirtiendo el calzado en un arma letal. A partir de este suceso es cuando los árbitros tienen la obligación de revisar el calzado de todos los jugadores
Por el lado de Peñarol, Jugó la primera fase con los equipos ecuatorianos (Emelec – 9 de Octubre), los bolivianos (Jorge Wilstermann – Municipal) y Nacional de Uruguay. Pasan a la segunda fase los equipos Uruguayos y juegan el grupo semifinal con los chilenos de Universidad Católica, donde Peñarol logra imponerse y consigue la final  que jugara con River Plate.
Carrizo a los revolcones ante la presencia cercana y peligrosa
 de Julio César Abaddie. Amadeo se sintió desprotegido,
 ningún compañero cerca para respaldarlo.
La primera final se juega el 14 de mayo en Montevideo, imponiéndose Peñarol 2 – 0 con goles de Abaddie y Joya. Cuatro días más tarde se enfrentan en el Monumental y gana River 3 – 2 (Ermindo Onega x 2 y Sarnary para River, Spencer y Rocha para Peñarol), obligando a jugar un tercer encuentro en cancha neutral. La elegida fue el estadio nacional de Chile y Peñarol llegaba con ventaja a favor en goles, pero solo se tenía en cuenta esta ventaja en tiempo suplementario, obviamente si el partido terminaba empatado en los 90m.

Ahora sí, metiéndonos ya en el tercer partido final, tendríamos que enumerar todas las razones de porqué un equipo pierde una copa ya ganada.
1)      Indefectiblemente, la pelota atajada con el pecho por parte de Amadeo Carrizo enervó a propios y ajenos, porque los Uruguayos estaban entregados con el resultado hasta ese momento, ya que a los 18m. del segundo tiempo perdían 2 – 0 con goles de Daniel Onega y Jorge Solari, con una notable superioridad en el juego del equipo argentino.
Todos lo buscan a Solari.Acaba de convertir el segundo gol,
Sarnary alza los brazos y Ermindo y Más
abrazan al Indio.
2)      Luego de este suceso, los jugadores de Peñarol se sintieron tocados en su orgullo y se llevaron por delante a River en el tiempo que restaba por jugarse. Pero no solo por la famosa garra charrúa, sino porque los mismos compañeros de Carrizo dejaron solo al arquero, para que éste se hiciera cargo de su error. Se sabe que por respeto al colega de enfrente no hay que sobrarlo ni gastarlo. Y menos a un Uruguayo, que son muy respetuosos y caballeros pero que si los sobras, la patada más baja va a la altura del pecho. “Aguantátelos vos ahora” habrá sido el pensamiento de varios.
3)      Los uruguayos enojados en cancha no eran solamente los de Peñarol, porque River contaba en su equipo con dos uruguayos ex Peñarol. Roberto Matosas y Luís Cubilla. Fueron los primeros en recibir el impacto y los primeros en dejar de jugar estando en cancha. Tan notorio quedó este hecho, que el técnico de River Renato Cesarini, un hombre tranquilo y moderado, entró al vestuario al término del partido al grito de “a mí me traicionaron” por lo sucedido con Cubillas y Matosas. Cuesta creer que se hayan vendido, pero quién pone las manos en el fuego. Nos inclinamos a pensar que les afectó el patriotismo y les jugó en contra ver a compatriotas luchar como leones en la adversidad. Seguramente les habría gustado cambiar de camiseta en el mismo momento que se jugaba el partido, por más profesionales que fueran. Recordemos que era una época muy distinta a la nuestra, donde los principios y valores tenían peso propio, a diferencia de la actualidad, lamentablemente. Puro romanticismo.
Roberto Matosas y Luís Cubilla, los dos uruguayos ex Peñarol
que jugaron esa final para River.
Los gestos expresan todo.
4)      La displicencia general del equipo y el error táctico de Renato Cesarini también aportaron lo suyo para la derrota. Antonio Vespucio Liberti, presidente de River por aquel entonces, nunca le dejó de recriminar a Cesarini el cambio realizado en el entretiempo y que quizás fue tan determinante como la atajada de Carrizo. El confiado lateral izquierdo “Nicha” Sainz le dice al técnico “Profe, por qué no me saca ahora, si sigo, por ahí tengo que quedarme 20 ó 30 días parado” sabiendo que podía seguir y más en una final. Y Cesarini, que le gustaba ir al frente y soñaba con una goleada histórica, pasa a Jorge Solari de 3 y saca a Sainz(lateral) para que entre un gran cabeceador como Lallana (delantero)de 8. Pero el “loco” Lallana tenía un entuerto con los carboneros al frustrarse su transferencia al equipo uruguayo a principios de año y quería cobrársela, entró muy poco en el partido y se la pasó provocando a los uruguayos.
5)      Por último, al comenzar el segundo tiempo los jugadores Argentinos soñaban en voz alta con las “fragatas” (en alusión a los billetes de mil pesos viejos) y en las vacaciones que Liberti les había prometido en la hermosa Costa Azul del sureste de Francia. Claro que para que esto sucediera debían ganarle primero a Peñarol la copa y luego al poderosísimo Real Madrid la copa intercontinental (que luego Peñarol le ganaría al Real 2 - 0 en ambos encuentros) aprovechando el viaje a Europa, ya que el primer partido por lo general se jugaba en Sudamérica. Estaban tan confiados que hablaban más del Real Madrid que de jugar el segundo tiempo.
"Yo no entiendo nada" parece decir Amadeo Carrizo.
En 23 minutos Peñarol empató el partido
y hay que jugar el alargue. 
 Fue así como el Ecuatoriano Spencer iguala en 2 el partido en los 90m. reglamentarios, y ahí es donde empieza la desesperación de todo el equipo Argentino y cambia la historia, ya que en el suplementario River debía ganar si o si porque con el empate se coronaba campeón Peñarol, por aquella ventaja de goles a favor conseguida en los dos primeros partidos. River tenía en cancha para el suplementario el arquero, tres defensores y siete delanteros. Y la moral por el piso. Peñarol era un volcán que se llevó puesto lo que quedaba de River y Spencer y Rocha daban el resultado final de 4 – 2
Goncalvez, aquel aguerrido uruguayo que jugó la final para Peñarol, le ponía la frutilla en aquella entrevista de El Gráfico y decía lo siguiente: “El cambio lo producimos nosotros al comenzar el segundo tiempo. Nos estaban ganando con mucha comodidad y a aquel River era muy difícil sacarle la pelota. Por eso pensamos que más que cambios tácticos lo que necesitábamos era cambiar el clima del partido para salvar la vergüenza. Entramos desesperados y echamos mano a recursos ilícitos. Eso es cierto. Les hablábamos y hasta llegamos a decirles que si ganaban íbamos a ir a buscarlos al vestuario y al hotel. Las cosas se dieron de tal manera que era un clima de guerra del cual sacamos una gran ventaja, ante la pasividad de River. La diferencia temperamental la noté al día siguiente en la cafetería del aeropuerto cuando nos cruzamos los dos equipos. Uno de los nuestros fue a hablar por los altavoces y preguntó: “quién es el papá de River?, y otra voz contestó, Peñarol!!!”, que se escuchó en todo el aeropuerto y la risa fue incontenible de todos los presentes. Nos queríamos morir, bajamos las cabezas de la vergüenza. Si eso pasaba al revés todavía estábamos a las trompadas. Nosotros no íbamos a aceptar semejante cachada que ellos si aceptaron sin chistar.”
Esta es una historia donde alcanzar la verdad es muy difícil. Inverosímil. Absurdo. Inexplicable. Así es como comienzan las leyendas y los mitos. Y los sobrenombres.
La copa ya es de Peñarol. Se abrazan Goncalvez y Lezcano.
Matosas se acerca al grupo para felicitar a Zeni,
dirigente uruguayo.
Próximo informe: 1° Final copa Intercontinental: Independiente vs Internazionale de Milán 1964

1 comentario:

sergio dijo...

El loco Gatti, suplente de Amadeo en aquel partido, comento en 1982, que el "tano"(Cesarini), no canchereo,si no que al lesionarse el lateral derecho Sainz, y no tener recambio, quiso improvisar un volante al marcar el lateral.
Al no querer jugar alli,
, el viejo maestro quedo helado, y tuvo que bajar a Solari a marcar punta, y salir al segundo tiempo con 4 delanteros, ya que Ingreso Llallana, numero 9, en reemplazo del lesionado Sainz.