Si hablamos de la Copa Libertadores de los '60, quién mejor que referentes de Estudiantes y Racing para contar aquellas tremendas batallas dentro y fuera del campo de juego. Hoy será uno de los caudillos de Racing, un nene con cara de bueno pero que te atendía a domicilio, el mariscal, Don Roberto Perfumo contando algunas de aquellas anécdotas...
La copa siempre tuvo para mí, matices muy
especiales. Porque la jugué en una época en que era toda una novedad y
Argentina no había conseguido el título intercontinental. Era una meta a la que
había que llegar. Y además era mucho más dura que ahora. Racing jugó 20
partidos para ganar la copa Libertadores y después tres más con el Celtic, hoy
con 12 encuentros sos campeón de América (1979). Yo tuve la suerte de jugar
todos los partidos y me doy cuenta que después que Estudiantes la ganó por
última vez, los clubes empezaron a parar la mano porque si no se moría.
A mediados de marzo del ’67 fuimos a jugar a La Paz contra el 31 de 0ctubre.
Nosotros sabíamos que viajando el mismo día del partido neutralizábamos los
efectos de la altura, así que llegamos a Bolivia a las 11 de la mañana, lo que
ignorábamos era que no teníamos que comer…Pero llegamos con un hambre bárbaro y
comimos más de la cuenta.
Bueno, los bolivianos nos ganaron 3 – 0 y parecían la selección holandesa del ’74. En el hotel, después del partido, nos moríamos de
risa acordándonos de lo mal que habíamos jugado. No tocamos la pelota. El mejor
de todos fue Joao Cardozo…porque se descompuso y no pudo comer nada.
Este recuerdo para mi es imborrable porque a
fines de ese mes de marzo de 1967 volví a nacer. No parece un recuerdo
futbolístico, pero lo es porque marca hasta qué punto
los intereses económicos
que movía
Vos sabés que a propósito del episodio del
avión recuerdo una actitud de Pizzutti que te define bien a Racing, un equipo
donde no cabían las vacilaciones desde el técnico hasta el último jugador.
Cuando bajamos en Bogotá nos tomamos varios whiskys festejando nuestra vuelta a
la vida. Fuimos al hotel y de ahí a entrenar. En la cancha, Pizzutti nos reunió
y nos dijo: -“Bueno, el asunto del avión fue bravo para todos, pero ya pasó y
tenemos que jugar. Por favor, el que siga con miedo que me lo diga así lo saco
del equipo”. Como te imaginarás, nadie abrió la boca. Pero también recuerdo
episodios con lo que nos reímos todavía hoy. Cuando la máquina empezó a caer,
por inercia, uno de los pasajeros al que se le rompió el cinturón de seguridad,
quedó pegado el techo de la cabina manoteando el aire. “Chichín” Hernández, un
amigo hincha de Racing que nos acompañaba a todas partes, se le acercó después
del susto y le dijo muy serio “Señor, usted si que tiene condiciones para ser
arquero”. Rulli sentenció que si nos habíamos salvado de esa íbamos a ser campeones del mundo. El Panadero Díaz aprovechó para insultar a todos los
dirigentes mientras el aparato se caía porque decía que “igual nos íbamos a
morir”. Cuando aterrizamos le dijimos “Dale Panadero, hacete el guapo ahora”…nos
matábamos de risa. Les cuento esta aunque no sea de
Contra Nacional de Montevideo fueron partidos
terribles. Eramos dos equipos habituados a jugar si se podía, pero dispuestos a
entrar en la fricción con tal de sacar el resultado. En Avellaneda nosotros
jugamos muy mal y ellos se llevaron el empate. En Montevideo, nosotros hicimos
lo mismo y te aclaro que en esa época era poco menos que imposible ganar en el
Centenario o arrancarles un empate. Nuestro plan en Montevideo era protestar
todo y no dejar a ningún
compañero solo. Allá donde había lío íbamos los 11.
Pero bueno, lo que quería era contar que en el desempate en Santiago de Chile
ganábamos 2 – 0 y yo me mandé una macana, quise salir del fondo gambeteando, me
la sacaron y fue gol. En medio de la bronca aparece Milton Viera gritándome
“Ahora van a ver, les va a pasar lo mismo que a River!!”, desde ese momento nos
pasamos diciéndole a Viera, “que vamos a perder, te vamos a matar!!”, Racing era
un equipo al que le sobraba fe.
Aquella famosa fractura de Cassaretto se
transformó en un mito. Todos terminaron diciendo que yo lo rompí a propósito.
Como aquel partido que se jugó sobre cancha barrosa, la pelota quedó muerta en
un charco, entre él y yo. Fuimos los dos a la pelota y cuando me tiré ni
siquiera me di cuenta de que lo había tocado. Se quedó en el suelo y yo me
levanté para alejarme cuando Basile se me acercó: “Roberto, vistes como le
quedó la rodilla?”. Y tenía razón, se le había inflado como un globo. Al año
siguiente, en 1968, volví a Lima con la selección. Lo único que les faltaba era
organizar concursos para ver quién me insultaba más. Me llamaban por teléfono y
me decían de todo. Un tipo me advirtió que cuando saliera la selección al
campo, recordar que él iba a estar con un rifle en la tribuna para matarme…
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El gran Roberto, quién más... |